La isla de Mallorca sin duda puede considerarse un paraíso en el mediterráneo, tanto por su clima como por sus paradisíacos entornos. Además, cuenta con historia, cultura y tradición, lo que la convierten en un lugar idóneo para que personajes ilustres se interesen por ella, la descubran y la vivan.

A lo largo de la historia, muchas han sido las personalidades que han llegado a la isla de Mallorca buscando tranquilidad y buen clima, y que se han acabado enamorando de sus gentes, sus costumbres y su belleza.

Entre ellos, destacaremos al poeta y escritor Robert Graves, al músico Frédéric Chopin y a su esposa, la escritora George Sand.

Sierra de Tramuntana: tres vidas y una sola isla

Robert Graves (1895- 1933) llego a Deià en 1929 acompañado de la escritora Laura Riding, dispuesto a no vivir nunca más en Inglaterra. En este pequeño pueblo de la Sierra de Tramuntana el escritor compuso largas colecciones de poemas y, entre otros libros, escribió El Conde Belisario, Yo Claudio y Claudio el dios, sin duda obras de culto y clásicos de la literatura universal. En 1939, a causa de la Guerra Civil, tuvo que volver a Inglaterra, de dónde regresó de nuevo a Deià en 1946, época en la que escribió otra de sus obras cumbre, La diosa blanca, en la que expone su peculiar visión poética sobre los mitos. Vivió allí hasta su muerte en 1985.

Frédéric Chopin (1810- 1849) y George Sand (1804- 1876), llegaron a Mallorca en invierno de 1838, buscando el buen clima de la isla por recomendación médica, debido a la frágil salud del musico. Allí pasaron el invierno y fue dónde Chopin compuso la mayor parte de sus veinticuatro Preludios. En la isla, se le diagnosticó una tuberculosis, pero al no contagiar ni a su mujer ni a sus hijos se especuló a posteriori con que fuera un error de diagnóstico.

Lo que debía ser una estancia de curación, placer y creación, finalmente se vio truncado debido al mal tiempo que se cernió ese año sobre la isla. La constante humedad hizo empeorar la condición de sus pulmones. En la Cartuja de Valldemosa, Sand lo atendió en mientras el aguardaba la llegada de un piano francés Pleyel desde París. Tras varias complicaciones en el transporte del instrumento, fue instalado en el monasterio de la Cartuja de Valldemosa, en la celda que Chopin y George Sand tenían alquilada, y que aún hoy puede visitarse. La misma celda que habitaron desde el 15 de diciembre de 1838 hasta su precipitada salida de Valldemosa, el día 12 de febrero de 1839, víspera de su partida definitiva de la isla de Mallorca a causa de un agravamiento de la dolencia respiratoria del compositor.